
Dejadme que os cuente hoy un par de historias:
Juan vive con su madre, a pesar de tener 24 años ya, pero es que la vida está muy achuchada. Para ahorrar, Juan vendió su coche y se compró una moto, de cilindrada media, que le permitiera llegar pronto al curro y, de paso, divertirse los fines de semana. Juan es extraordinariamente prudente, siempre lleva casco y jamás hace locuras sobre ruedas.
Una noche, volviendo a casa de currar, un malnacido se cruza delante de su moto, y juan se destroza, literalmente, contra el coche. Muere al instante. El conductor del vehículo, solo sufre un leve esguince cervical.
La Guardia Civil somete al conductor del coche a la prueba de alcoholemia (no así a las de otros tóxicos), y da negativo. El forense, por contra, encuentra en el cadáver de Juan trazas de cannabis, por lo que Juan es declarado inmediatamente culpable del accidente. La madre de Juan se queda sola, y no percibe ni un euro por la muerte de su hijo.
Antonio es buzo profesional. No de estos que se van al Caribe a expoliar coral, sino de los que curran en dársenas, plataformas petrolíferas
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