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Un sacerdote jamaicano se despacha a gusto

2 junio 2010 | Comments (0)

Según las noticias que me llegan de primera mano desde Jamaica, las cosas parecen haberse tranquilizado en la capital Kingston. Se habla de más de 700 detenciones y unas 73 víctimas mortales (datos oficiales). Eso sí, de Christopher Coke alias “Dudus” ni rastro.
La clase política habla de unas perdidas de 350 millones de dolares por el impacto que los graves sucesos de la semana pasada han tenido y de hecho tendrán sobre la industria más valiosa de la isla caribeña: el turismo.
Pero vayamos al grano, repasando las noticias me he topado con esta que me ha parecido ciertamente curiosa. Hace unas semanas en Jamaica un pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día llamado Lorenzo King dedicó su sermón a la Ganja y sin cortarse un pelo (como tiene que ser) quiso aclararle a sus feligreses algunos aspectos sobre la polémica hierba. Entre los asistentes a la ceremonia se encontraba Lorna Golding, la esposa del primer ministro Bruce Golding.

“¿Cuál es la verdad detrás de la destrucción de la población de Marihuana en Jamaica?” preguntó King de forma retórica y comenzó a hablar sobre una conspiración llevada a cabo por el ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan en la década de los 80 para destruir la cosecha que, bajo el argumento de la seguridad nacional y regional, más bien sirvió para mantener al país pobre.
El líder religioso añadió además que EEUU donó al ejercito jamaicano 12 helicópteros con el único fin de localizar y destruir plantaciones de Cannabis en la isla. La razón, dijo, fue que los investigadores de la Universidad de las Indias Occidentales se habían negado a vender la patente de su fórmula contra el glaucoma basada en el Cannabis a una empresa farmacéutica estadounidense por 6 millones de dolares.


Y por si fuera poco, terminó diciendo: “¿Es porque este cultivo es un invento que nos podría sacar de la pobreza? Pensad en ello, los gobiernos no están en el negocio de buscar la verdad. Así que por eso, hermanos y hermanas, la gente inteligente relaciona las declaraciones oficiales del gobierno con una buena dosis de sospecha. Yo sospecho de cada declaración oficial hecha por el gobierno. Y si soy sospechoso es porque conozco la diferencia entre la información y la desinformación; si vosotros no la conocéis, tendréis que dedicaros un poco a la lectura.”

Desde ¡Al rico Cannabis! nos ha sido imposible averiguar si el sacerdote aún continúa en su cargo o si su actuación fue celebrada con una sonora ovación.

FUENTE: JAMAICA OBSERVER – SDA pastor hails J’can ganja as the World’s best

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La Gran Máquina Civilizadora

5 enero 2009 | Comments (0)

La gran máquina civilizadora, sutil y anónima, exhaustiva y refinada, repudia las drogas, los goces, los cuerpos y en su lugar exige ascetismo, renuncia, abstinencia, disciplina. Regula discursos, impone saberes, fija límites, y administra drogas para incrementar la “normalidad”, impide los desbordes, controla los excesos, vigila las salidas, expulsa, admite.

Sus movimientos son refinados, exhaustivos, pero no dialécticos, sus dispositivos son versátiles, recorren la superficie planetaria, se hacen “globales”, cunden sobre la masa humana, y también puede adelgazarse hasta reducir su volumen al espesor de un cabello, hacerse “micro capilares” para ingresar en las interioridades del ser, o disiparse como vapor o humo hasta penetrar en los sueños, y también hacerse fluido para encauzar los líquidos sexuales, controlar su proliferación, su exceso.

A las numerosas huestes de Eros, a los goces sublimes del cuerpo, la máquina civilizadora opone la pornografía , caricatura grotesca del sexo vacío sin sujeto, sin deseo, meros cuerpos separado de la conciencia, la conciencia separada del deseo, el deseo separado del saber, el saber separado de la verdad, y así siguiendo hasta disgregarse las potencias del ser y de la existencia en cientos de fragmentos y microfragmentos que la gran máquina distribuye y administra conforme a los destinos que se le hubieran fijado. Así. Los territorios del cuerpo, los del goce, los del deseo, los del saber, etc., no son sino espacios vacías, meras presencias maquinitas, meras nadas sin sustancias, fragmentos, partes, piezas que no pueden ya engarzarse ni articularse. Órganos sin organismo, saberes sin verdad, deseos sin sujeto, goces sin éxtasis, dramatos sin personae, textos sin trama ni sintáxis.

      

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El Psiconauta

1 enero 2009 | Comments (0)

xxxla-imaginacion-es-librexxxEl Psiconauta – navegador psíquico -, ya sea que se valga de sustancias psicoactivas o prescinda de ellas, o bien se encuentre o no, bajo los efectos de una sustancia, no por ello su travesía se interrumpe. El Psiconauta no es el que “consume” drogas, sino el que atraviesa las coordenadas “espacio-tiempo-sujeto”, el que transita por los senderos del ser. Peregrino del alma, explorador, investigador perplejo ante lo que descubre, “mas por enigma mismo que por su solución”.

Experto en los éxtasis del cuerpo y del espíritu, se asombra ante el mayor prodigio de la naturaleza y que es el haber encerrado en tan pequeño cubículo de la mente humana, misterios y profundidades mas vastas que las de todo el universo.

El Psiconauta no es un consumidor ni un adicto a quien se diferencia en mas de un titulo; la psiconáutica es una fuerza generadora, una fuerza exploradora, un caminante que forja y construye los senderos del ser sobre los que un día regresaran los dioses que despidieron Hölderlin y Heidegger, Pero no ya los dioses maquineos e idiotas que engendro la soberbia y la ignorancia del hombre, y que ató a triviales misterios para concederles majestad y señorío; sino los dioses de lo soberbio, de los excesos genuinos, los dioses que proliferan cuando os goces del cuerpo y de la mente prevalecen y se hacen una unica y sola fuerza. Son los Dioses interiores y a la vez exteriores, sin culto y sin iglesia, sin ministros ni doctrina, La psiconáutica es el medio que los propicia, la forma que asume su búsqueda, y el Psiconauta, su agente.

Afrodita, la divina, lo secunda, también Baco, Apolo le confiere el orden y Dionisio la violencia exuberante, no menos que Eros y sus huestes. El Psiconauta es también un alquimista, porque extrae de la barbarie la fuerza originaria y fundadora, y vacía a la maquina civilizadora de sus coacciones, interrumpe sus inercias, y reúne lo imposible, el sublime goce y la ley que lo rige, así vuelve a restañar lo que fue separado y a separar lo que estaba unido.

Las drogas psicoactivas construyen las salidas “extáticas” a la máquina civilizadora, donde lo extático remite aquí a la operación de “salirse” de aquel “si-mismo” común y de las degradantes formas que obligan a su obediencia, hasta alcanzar el estado catártico, es decir, expurgador, no ya en el sentido psicoanalítico, sino en el sentido trágico y helénico. La catarsis que efectúa el Psiconauta en su travesía es la operación que permite “eliminar” los deshechos tóxicos que inocula la maquina civilizadora. Por ello, el viaje espiritual del Psiconauta es un viaje purificador, expurgador, y es en este sentido que corresponde llamarlo “catártico”. Así, las drogas psicoactivas, lejos de ser un vehiculo de huida, lo es mucho mas de una exploración según la operación “salida extática del si-mismo/catarsis/recuperación”.

No hay allí norma, ley, o camino ya trazado, sino riesgo, incertidumbre, travesía incierta. Tal es el precio que deben pagar quienes prefieren “los azares de la libertad a las seguridades de la servidumbre y de la obediencia”.

      

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La Cultura Cannabis

31 diciembre 2008 | Comments (0)


La cultura Cannabis, mas que una cultura, o contra-cultura, es ante todo, una conciencia, pero no ya la triste conciencia agitada por los psicólogos, sino aquella conciencia que actúa y se mueve bajo un estado de alerta permanente, una conciencia que se obedece a si misma y que solo ante ella es responsable.

Y de lo que tiene conciencia esta conciencia, es que toda ley que legisle en sentido contrario a la expansión del ser y de sus libertades es una ley criminal por cuanto perpetra el mayor de todos los delitos, y es el que a diario cometen los Estados cuando invocando derechos discutibles vienen en su nombre a colonizar las soberanías de las que el cuerpo es Amo y Señor incontestable.

El catálogo de estragos atribuidos a la droga ha excluido de su galería de catástrofe social y psicológica engendrada por la prohibición ya que, mas allá de los fundamentos jurídicos en los que se funda, su gravedad consiste en haber transformado el genuino goce en un delito y la exploración personal en una travesía hacia el infierno de la que “no se vuelve”.

El Estado nos propone cambiar las drogas psicoactivas por el lente veneno de las drogas cotidianas, aquel que vierte la estupidez colectiva, gota a gota y día a día sobre todos los seres hasta transformar las existencias genuinas en existencias comunes y vacías de sustancia e induce así al “adicto” a reencontrarse en el rebaño humano del que un acto soberano y soberbio lo ha separado. Y es en la desviación misma que a modo de cifra reside la pauta y la razón que informa sobre la soberanía de aquel acto y a la cual los mecanismos del Estado no cesan de oponer la contra-razón, piedra fundamental en la que se soporta la siniestra operación de “recuperación” del adicto.

El llamamiento terapéutico que se ejerce sobre el ser que en nombre de su alegada soberanía se separa del rebaño humano, es en verdad acto de cínica y velada violencia en tanto procura diluir el sujeto en aquella corriente errática y amorfa pues en su vaciamiento reside la condición de tan infame obediencia.

Las sociedades convinieron, según un consenso, llamar “educación” a esta siniestra y silenciosa operación de extracción del ser, de transformación y aplastamiento de lo genuino en el oro falso de seguridades vacías. ¡En ninguna otra cosa consiste la “adaptación” a lo social! Renunciar a la verdad por lo verosímil, renunciar al ser por un simulacro de existencia. El “adicto” es el que viene a poner en funcionamiento aquella maquinaria de recuperación y quien, al mismo tiempo, traba y altera sus mecanismos. La cultura cannabis habita en este borde imposible y su conciencia alerta y vigilante es la respuesta a aquel oxímoron en el que la ley necesariamente incurre cuando prohíbe allí donde permite y permite allí donde prohíbe.

La monótona mitología urbana que se tejió en torno a la marihuana – tan abundante como la griega y la romana, pero privada de la belleza y verdad de aquellas – presenta al “fumador” como un ser desprovisto de conciencia y pensamiento a causa del consumo, cuando en verdad, ningún acto requiere tanta conciencia y potencia de pensamiento como el de emprender un viaje por la insondable interioridad del ser sin que ningún Virgilio esclarecido venga a guiarlo.

      

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